Viví mi infancia con mis padres, pero los veranos los pasaba con mis tíos
y mi abuela en el campo. Recuerdo imborrables. Mi tío era el responsable de las
labores agrícolas y de los animales grandes, mi tía de los pequeños y del
huerto, mi abuela de la casa.
Un atardecer mi tío, junto a un joven bracero querían entrar un ternero
al establo, pero el animal no lo aceptaba, estaba bien fuera. Uno empujaba por
detrás y el otro tiraba por delante. No había forma. Los dos hombres pensaban
lo que “ellos querían, el animal sentía lo que “él quería”. Con mi abuela
contemplábamos los inútiles esfuerzos de los hombres….hasta que ella decidió
actuar. Pensó en qué quería el ternero, puso un dedo maternal en su
boca y dejó que chupara y chupara mientras lo conducía lentamente al establo.